El arte de leer poesía

La poesía es el control divino de la palabra. Es el acercamiento a la pasión prohibida de la rima y el ritmo. La verdad que no duele, aunque sea tan dura y contundente como una piedra lanzada por la honda de David. ¿Te gusta leer poesía? Tal vez pienses que es una rama de la literatura para la cual se nace lector. Por suerte, estás completamente equivocado. La poesía nace del corazón y no tiene otra intención que ser una demostración de la humanidad en su máxima potencia.

Tal vez el problema radica en lo poco que sabemos leer el lenguaje del alma. Quizá nos entregamos demasiado a las cosas físicas, las actividades prácticas y cotidianas de la vida y damos por sentado que, entre el polvo y el maltrato, un poemario viejo en una tienda de segunda esconde mil perlas valiosas que podrían enriquecer nuestra vida.

A veces, quienes somos lectores apasionados, dedicamos tiempo a raudales a lecturas que nos acercan a la vida de otras personas, mientras que la poesía nos acerca a nosotros mismos. Ni siquiera al poeta, porque incluso el poeta es estudiado por sus propios poemas. El poeta puede quedar increíblemente anonadado al leer una composición suya de hace muchos años.

Me atrevería a decir que los poemas dan forma al corazón, rostro a los sentimientos, vida a las palabras, sabor a la pasión y pasión al alma. Los poemas moldean nuestra imaginación, nos conectan con Dios (como ocurre con los Salmos, por ejemplo), son oraciones divinas. Te estás perdiendo de algo rico si ignoras la poesía.

Tómate un tiempo después de leer Sinuhé, el egipcio, de Mika Waltari, o Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary W. Shelley y piensa en el poder de una narrativa con claros tintes poéticos. Ese poder no es innato —al menos yo no lo creo—, proviene del mucho leer poesía. ¿Quieres escribir grandes novelas? Lee poesía; inclúyela en tus lecturas con buen juicio, rigor.

Con la poesía pasa igual que con la pintura y la música clásica. Se necesita relación estrecha con esas ramas para desentrañar sus magníficos misterios. Una persona podría mirar un cuadro o escuchar El bello Danubio azul y reconocer en ello cierta belleza o atractivo. Lo mismo pasaría si esta misma noche entraras a tu habitación y leyeras 20 poemas de amor y una canción desesperada. Reconocerías en ese poemario cierta belleza. Pero la abundante y complaciente relación con la poesía te dotará de una habilidad… llamémosla… sobrehumana. La habilidad de entrar no a una situación, sino a una condición humana. Y me he comprometido a describirla lo mejor que puedo, pero es tan prosaico intentar hacerlo, que solo me resta animarte a vivirlo por ti mismo.

Cuando la gente me pregunta “¿Qué te inspira?” me parece que me imputan un amor secreto por alguna chica, pero mi respuesta, tan cierta como sencilla es: la poesía me inspira. Leer poesía me inspira. Siempre quiero decir de otra forma lo que ya ha sido escrito y descrito. Siempre quiero experimentar lo que experimentó el poeta cuando puso sobre el papel su sentir. Siempre quiero hacer que mi lector conozca un mundo distinto con cada poema que escribo, y no a través del vano uso de palabras rebuscadas y las situaciones que ofuscan el pensamiento, sino mediante la sencillez, las situaciones e imágenes que las personas promedio ya conocen.

Nunca he escrito para elevar el ego intelectual de nadie, y ni quisiera que esa fuera mi marca distintiva. He escrito toda mi vida para dar aliento y rostro a los sentimientos. Otros autores ya se quiebran la cabeza y se deshilan los sesos intentando escribir lo más complicado posible. Algunos me dirán que soy un perezoso de la poesía, y está bien. Cada uno puede divertirse con el poeta que desee. Para eso hay una larga lista. Si mi poesía es apenas el primer escalón (o, siendo más trágico, el suelo desde donde inicia la escalera) a la lírica divina, ¡enhorabuena! Eso significa que soy un nivel, un peldaño, un aporte. Luego, los lectores más avanzados y juiciosos podrán entrar a MEJORES y más importantes escritores: Mario Benedetti, Pablo Neruda, Johann W. Goethe, César Vallejo, Antonio Machado y José Ángel Buesa.

Ahora, para finalizar esta intervención (y espero no haberte aburrido), quiero finalizar con un poema hermoso que me compartió un amigo muy querido. Es el poeta argentino Leonardo Lugones, cuyo deceso ocurrió el 18 de febrero de 1938.

Un poco de cielo y un poco de lago
donde pesca estrellas el grácil bambú,
y al fondo del parque, con íntimo halago,
la noche que mira como miras tú.

Florece en los lirios de tu poesía,
la cándida luna que sale del mar.
Y en flébil delirio de azul melodía,
te infunde una vaga congoja de amar.

Los dulces suspiros que tu alma perfuman,
te dan, como a ella, celeste ascensión.
La noche… tus ojos… un poco de Schumann…
y mis manos llenas de tu corazón.

A ti, única

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2 comentarios en “El arte de leer poesía”

  1. Muy cierto, mi estimado Daniel la poesía es un encontrarse asi mismo, muchas veces resulta más interesante el sentir, vivir, experimentar las sensaciones que la lectura de un poema puede generar en uno mismo, a querer adivinar que pensaba el poeta o que sentia. La poesía se lee para sentirla, para vivirla. Muy interesante tu artículo, una invitación a leer poesía a vivirla. Leamos vivamos esas experiencias y sensaciones que muchos buenos escritores han plasmado en sus escritos. Te felicito, sigue adelante, tienes mucho talento y se que llegaras muy lejos con ese don, con tu arte de escribir.

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